
No me gustan los libros de amores apasionados, de enfermedades crónicas, ni de guerras. Tampoco los ambientados en Nagasaki o Cualalumpur, ni siquiera los que tratan de desgracias familiares, están relacionados con el miedo y/o la ficción demasiado fantasiosa y completamente fuera de lo palpable e inimaginable. Y tampoco me gustan los libros que están '
de moda' o aquellos que en su título
sólo hay una palabra.
Los clásicos sí que me gustan, pero siempre tendré tiempo para leerlos por la sencilla razón de que siempre serán clásicos. Prefiero experimentar y pasearme por las estanterías por orden alfabético hasta que un lomo salte de ella y consiga llamar mi atención. También me gusta que, al abrir uno de ellos por una página al azar, la frase que lea se parezca a lo que estoy pensando en ese mismo instante.
En mis criterios literarios está prohibido leer la contraportada. Si hay un apuro, leo la pequeña reseña del autor (saber quién es y a quién voy a leer). Me gustan que los libros tengan una letra considerable, con o sin sherif, pero que en sus páginas no haya abuso o escasez de márgenes así como faltas de ortografía o un espacio de más entre dos palabras (que siempre que los cazo, no puedo evitar sacar un boli y/o lápiz y rodear ese espacio con un círculo).
Cuando llevo más de una hora u hora y media metida en una librería o centro lleno de libros (véase
Fnac o
La Casa del Libro) y no he encontrado libro alguno que salte de la estantería, o título cualquiera que haga despertar y volar mi imaginación tanto como me he pasado múltiples de veces, tomo el último recurso existente en mis criterios literarios: pedir que me recomienden un libro.
Llegada a este momento, el/la
recomedador/a de libros me pregunta qué me gusta leer. A lo que yo contesto que todo menos todos los 'noes' puestos con anterioridad. Él pasea por las estanterías igual que hice yo antes de preguntarle a él y todos los que me recomienda (5 ó 6 antes de dar con el definitivo), ya me los he leído (problema). El/la
recomendador/a empieza a dudar y me mira con cara extraña hasta que lee mi mente y baja hasta abajo de la estantería y me pregunta si conozco a un tal Geral Durrell a lo cual yo contesto que lo conozco porque se encuentra al lado de
Roald Dahl (autor de "Charlie y la fábrica de chocolate", entre otros) pero que no he leído nada de él. Me saca una sonrisa y me dice "llévatelo".
Como no puedo irme sin un libro más, le vuelvo a preguntar. Y el/la
recomendador/a se ríe. Tiene una clienta complicada. Así que tras otear, nuevamente y repetidas veces, las estanterías de "edición de bolsillo" me pregunta si me importaría o no leer algo de ficción. Y, como me gusta experimentar aunque no me guste la ficción y me tengo que dejar recomendar, le digo que no me importaría. Así que tras un guiño cómplice alcanza del tercer estante "
Crónicas marcianas" de
Ray Bradbury.
Tras dar las gracias y pedir "disculpas" por el mareo literario me dirijo a la caja, digo buenas tardes, pago y me voy.